
El día 23 de agosto actuamos en Arenas de Cabrales en el festival del quesu que lleva el mismo nombre y resultó entrañable. El público volcado, el ambiente magnífico. La organización fue perfecta. Carpa por si llovía y sillas para la gente mayor; al lado del parque para entretener a los más pequeños.
Interpretamos una adaptación especial del corri-corri. Nuestra introducción musical a este antiguo y solemne baile nos fue llevando pausadamente a la magia que tiene esta pieza, culminando con la actuación de las protagonistas que veis en la foto de mi amigo José Luis.
Da gusto estar en un lugar que para mí tiene tantos recuerdos. Gracias a todos. Fué un espectáculo único.

El coro, que veis en la foto siguiente (Lara, Tamara, Tatiana, Nerea, Belén, Ana y Luisa) es muy importante para llevar el ritmo en esta danza. El pandoriu es un pandero con un asa de madera, originario de Arenas de Cabrales. El peso de la percusión lo lleva este instumento junto con el tambor y ambos acompañan al coro que canta. Antiguamente, eran las mozas del lugar quienes danzaban y las personas mayores quienes cantaban. La letra es un antiguo romance que comienza con esta estrofa:
“Válgame nuestra señora
válgame la Madre Santa.
Válgame nuestra Señora
Nuestra Señora me valga”

Mucha gente me hizo saber el sentimiento que les había despertado esa noche mágica; ver y escuchar el espectáculo, orgullosos de su cultura, redescubriendo la gran importancia de sus tradiciones. Sobre estas, os recomiendo el artículo de Rebeca Aja, en el diario La Nueva España. También este otro.
Hoy, todo el mundo conoce las tres patas del tayu cabraliegu: el quesu de Cabrales, el Picu Urriellu y, por supuesto, el Corri-corri.